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TEXTOS DEL LABORATORIO · LENGUAJE

La muerte del lenguaje audiovisual (otra vez)

Por Luis Fuentes Pimentel · Director de Laboratorio FORMA

Grabar en vertical siempre ha sido visto como un error. Al aparecer los celulares que graban video decentemente y popularizarse el vertical (9:16) hacerlo se convierte en casi un pecado para quienes trabajamos en el audiovisual. Hace años incluso surgió un efímero movimiento que pedía la “muerte al formato vertical” los argumentos eran claros, puristas e intolerantes, apelaban a la disposición del ojo humano, a la forma del horizonte, presentaban argumentos relacionados con la biología humana, y con la historia del arte. La discusión parecía sencilla: el cine, la televisión y los videos profesionales eran horizontales. Lo demás era un error.

Pero ¿y si estamos intentando juzgar un lenguaje nuevo con las reglas de uno que llevamos más de cien años construyendo?

El cine no nació con un lenguaje terminado. Los hermanos Lumière exploraron las posibilidades de registrar escenas cotidianas: una calle, una persona regando flores, un tren que llega a una estación. Georges Méliès, por su parte, descubrió otras posibilidades en los trucos, la puesta en escena y los recursos del teatro y la magia. Desde sus primeros años, el cine fue explorando distintas maneras de organizar y dar sentido a las imágenes. Después llegaron el montaje, los movimientos de cámara, los cambios de escala y tantas otras herramientas que hoy consideramos indispensables. El lenguaje cinematográfico se fue construyendo con cada experimento, con cada descubrimiento y también con muchos errores. Nadie nació sabiendo ese lenguaje. Lo fueron inventando.

El formato vertical existe y es tremendamente popular. En set y locación cada vez es más frecuente preguntarnos cómo se vería una escena en vertical. A veces lo resolvemos recortando una composición horizontal y otras, grabamos pensando desde el principio en ambas proporciones. Tiene sentido desde el punto de vista de producción, pero también plantea la pregunta ¿estamos componiendo para dos formatos diferentes o buscamos adaptar que uno se adapte a las reglas del otro? Mirando al horizontal como “correcto” y al vertical como el formato “solicitado” o conveniente para fines más allá de la historia.

El encuadre horizontal suele invitarnos a observar un espacio, recorrer un paisaje o descubrir las relaciones entre los personajes y su entorno. El vertical, en cambio, parece acercarnos a la persona que sostiene el teléfono, a su rostro, a su cuerpo y al instante que está registrando. El horizontal nos dice “mira esto” y el vertical parece decirnos “estoy aquí” lo que antes agregaba el filmar en cine o grabar en video, ese sentido general de mediatez o inmediatez ahora lo proporciona el horizontal o el vertical. Pero recordemos que el encuadre no es una regla ni una verdad universal, es un elemento que vae la pena explorar en aras de enriquecer el lenguaje.

El cineasta británico Peter Greenaway lleva décadas cuestionando algunas de las convenciones que hemos terminado por considerar inseparables del cine. En una entrevista publicada en Graphis en 2000, habló de las cuatro “tiranías” del medio: el texto, el encuadre, los actores y la cámara. También cuestionó el rectángulo fijo de la pantalla, una convención que relaciona con la historia de la pintura occidental y con la manera en que el teatro y la ópera organizan la mirada y que limita la libertad de la imagen en movimiento obligando al cine a quedar atrapado en una ventana bidimensional. Greenaway no estaba hablando del formato vertical, pero su crítica plantea una pregunta que me parece pertinente: ¿cuántas de las reglas que seguimos son necesidades del lenguaje audiovisual y cuántas son convenciones que no nos hemos atrevido a cuestionar?

No se trata de declarar obsoleto el horizontal ni de defender el vertical por el simple hecho de que sea popular. Se trata de experimentar, de dejar de imitar las soluciones que ya conocemos y buscar otras. Las plataformas y los dispositivos cambian con rapidez; el lenguaje audiovisual tarda en transformarse.

Estamos viviendo uno de esos momentos en los que todavía podemos participar en la construcción de nuevas formas de narrar. El sonido, el color y las tecnologías digitales modificaron, cada uno a su manera, las posibilidades del medio y el trabajo de quienes lo hacemos. El formato vertical también merece que exploremos sus posibilidades antes de reducirlo a una adaptación del horizontal.

No tenemos que renunciar a lo que sabemos. Tenemos que evitar que la experiencia se convierta en el límite de lo que podemos crear. Y, sobre todo, dar espacio a quienes están experimentando con formas que todavía no dominamos. Al final, el lenguaje no se construye siguiendo reglas, se transforma cuando alguien se atreve a hacer algo que todavía no sabemos cómo nombrar.

Recordemos, en lenguaje: El uso determina la regla y no al revés.

REFERENCIAS

Greenaway, P., & Aldersey-Williams, H. (2000). Peter Greenaway: Against the Tyranny of Cinema. Graphis, 56(326), 96–104.

Greenaway, P. (2003, 8 de octubre). The Last Picture Show. The Guardian. Extracto de la conferencia Cinema Militans.

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